Los triángulos amorosos ejercen siempre una fascinación tan pueril como inevitable. Ya sea en la realidad o en la literatura, pertenecen a ese género de situaciones cuyo desenlace está cantado. Al mismo tiempo parece imposible sustraerse al morboso encanto que despiertan los meandros de un navío destinado al naufragio seguro.
Sobre la obra:
Con su obra En el campo, Martin Crimp imprime un giro al género del thriller psicológico, los triángulos amorosos y el juego de “piedra, papel y tijera”. La obra es un exquisito juego circular a la inglesa, un juego que solo admite dos participantes, pues si jugaran tres, cada uno con su atributo diferente, ninguno podría ganar.
Ya la obra se inicia con el sonido de las tijeras de Corinne, que recorta fotos de las revistas. Su lengua es tan filosa como sus tijeras, y la usa para socavar pacientemente la masculinidad de su marido. Le parece un hombre de papel, un hombre débil, de poca confianza. El otro personaje es la joven Rebecca: desafiante y de diálogos ásperos como una roca. Así se forma este juego de tres participantes, pero que por sus reglas solo puede jugarse de a dos. De ese modo, la estructura de la pieza impone que nunca estén los tres personajes en escena, y que sólo aparezcan de a pares. Corinne, Richard y Rebecca comparten la dinámica de ese juego que contempla tres elementos, tres armas diferentes, pero que sólo admite dos contendientes. El papel es envolvente, la tijera es incisiva, la piedra es aplastante, y los atributos de cada uno se revelan en las armas discursivas que utilizan frente a cada oponente en las sucesivas escenas. Pero a diferencia del juego de niños que replica, en este caso el final no está cantado.
En la historia Richard, un médico clínico exitoso y pudiente, ha escapado de la urbe londinense junto a su esposa Corinne y sus dos hijos. Se han instalado en una casa de campo y están decididos a empezar de nuevo. Richard tiene un pasado de adicción a las drogas y le ha prometido a su mujer que ahora todo será diferente. Pero resulta que una noche a mediados del verano, muy tarde, el médico vuelve a casa con una joven —Rebecca—que ha encontrado inconsciente y en estado de shock al costado del camino, y la acuesta en el cuarto de huéspedes. La estructura de la pieza impone que nunca estén los tres personajes en escena, y que sólo aparezcan de a pares.