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La obra es un monólogo de balance. Es un viaje a lo más íntimo, es un himno al amor por sombras maternas, por ángeles en medio del caos. Es una metáfora del reencuentro con la naturaleza. El intérprete: ¿Miente? ¿Inventa? ¿Delira? o ¿habla con el objetivo de mantener el canal de comunicación con el otro? Sin duda quiere mantener abierto el canal de comunicación con el otro. Quiere conseguir ese vínculo tan deseado, para no sentirse solo, enfermo de soledad. “La noche, antes de los bosques” marca el ingreso de Koltès al canon del teatro universal. Luego de una profunda investigación en las posibilidades de las estructuras monologales, “La noche…” se constituye como un monodiálogo: un diálogo en el que solo se registran las intervenciones de un interlocutor, hay otro que escucha, avala o discrepa, pero está silenciado. La poética se concentra en el decir de un solo personaje que evoca, desde la suya, otras voces. La articulación de la obra es rítmica, musical y parece estar regida por una gramática del habla, de la conversación, y del balbuceo y a la vez responde a una matriz musical. La música de la respiración, de los titubeos del alma. Con esta pieza Koltès lleva a su completa expresión el Cronotopo de la noche, en la que vagan hombres y mujeres solos que se buscan con desesperación y desconfianza, que no se conocen y se temen. Koltès reformula un tópico presente en la literatura francesa, de Baudelaire a Antonin Artoud. Lo que la noche oculta entre las sombras Koltès lo pone en el centro de la escena.
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