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En esta obra se encuentran meticulosamente integrados y elevados al mismo nivel la palabra, el movimiento corporal, la música y la escenografía. Estos signos alternan su primacía, según el momento del devenir escénico. Por momentos unos u otros piden la palabra para comunicar sentidos que provienen de su singularidad y al mismo tiempo para conformar la trama de un cuerpo de altísima densidad expresiva. El espacio logra adaptarse al devenir de cada propuesta que resignifica su existencia de manera permanente: con un sillón por el que los intérpretes aparecen y desaparecen; un frigobar que deviene en instrumento musical, puertas por las que entran y salen personajes, que al regresar nunca serán los mismos. En la obra existe un juego permanente entre lo que es y lo que de ello se ve. A modo de ilusión, por destreza o magia, los personajes se multiplican, o mejor dicho, traslucen sus multiplicidades. Esto mismo es lo que da unidad a la obra, a este cuerpo, en el cual cada una de sus partes convive sin jerarquías. 12 4 convoca al teatro, la danza, la música, la plástica y la fotografía a un escenario que despierta los sentidos del espectador y los abre hacia una nueva comprensión que atraviesa lo intelectual, y se instala en el disfrute perceptivo. M. Cecilia González
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