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En primera persona: Mariana Mazover: Piedras dentr
La dramaturga y directora Mariana Mozover habla en este En Primera Persona sobre el proceso creativo de su último espectáculo: ¨Piedras dentro de la piedra¨. Malvinas, Literatura y Teatro.
 
 
 

Es a veces difícil localizar cuándo se comienza a escribir una obra. Existen, aún mucho antes de la escritura del texto, una infinidad de instancias, de las que quizás uno ni siquiera tiene conciencia, donde se despierta el imaginario que luego se encarnará en la obra  y la necesidad de abordar un tema, y junto con él, un punto de vista.  Hace más de diez años, leí por primera vez Los Pichiciegos. Me atravesó. Como unas pocas únicas veces nos atraviesa una obra literaria, por su potencia poética y narrativa, y por instalar en mí preguntas sobre el mundo. Y, también, despertar la vocación de querer, también querer, dedicarme a escribir. 

Supe, aquella vez, que algún día iba a querer trabajar con ese material en Teatro. Diez años más tarde, conmovida, irritada, desconcertada por la muerte de Fogwill, se me hizo patente la urgencia de hacerlo. Así, nació esta obra.

Piedras dentro de la piedra fue el resultado de un trabajo de investigación colectiva con el cual, junto con el grupo de actores que integran el elenco, iniciamos un proceso de investigación colectiva sobre la Guerra de Malvinas, a partir de fragmentos de la novela Los Pichiciegos, del genial escritor argentino Rodolfo Fogwill.
Los Pichiciegos narra la vida de un grupo de soldados desertores de la Guerra de Malvinas que, incitados por algunos líderes de las tropas, huyeron del campo de batalla y se atrincheraron en el corazón de la tierra a intentar salvar su pellejo de la maquinaria de matar que es la guerra. Sumergidos en este Universo, comenzamos el trabajo de investigación.

Investigar es interrogar, interrogarnos.
Y también, como decía Fogwill, escribir es pensar.

El proceso de creación estuvo signado por el diálogo permanente con Los Pichiciegos y otras fuentes bibliográficas sobre la Guerra de Malvinas; y por una profunda reflexión sobre qué metáforas encerraba la novela de Fogwill para iluminar lo absurdo de aquella y toda guerra.  

Durante más de dos meses de intensos ensayos, trabajamos improvisando y cruzando algunos recortes textuales de Pichiciegos, con otras fuentes literarias. Textos bellos y duros: Fragmentos de Muertos sin Sepultura, de Sartre; de A Electra le sienta el Luto, de ONeill; El arte de la guerra, de Sun Tzu; y algunos testimonios de excombatientes recogidos en el libro  Partes de Guerra, una maravillosa investigación que reconstruye el derrotero de la Guerra de Malvinas desde el desembarco hasta el regreso, a través de la articulación de anécdotas contadas por los soldados que sobrevivieron.

El trabajo con esos textos, al ponerlos al servicio de la acción y la imaginación durante las improvisaciones, permitieron, a modo de trampolín, ir encontrando una voz para cada personaje. Con el correr de los ensayos, esos textos-ladrillo fueron cediendo espacio, y comenzaron a emerger las primeras imágenes específicas y vivencias enteramente nuestras de la guerra; surgidas de la voz y la impronta sensible de cada actor.

Durante esos meses también exploramos formas de habitar el espacio de la Cueva y diversos núcleos temáticos o situaciones concretas ligadas a la supervivencia. El hambre, el frío, la higiene, la imposibilidad de nombrar el miedo.

Cada actor, desde su personaje, escuchaba lecturas de un fragmento de Pichiciegos y desde allí comenzaban a interactuar. Así, cada personaje fue encontrando su propia relación con la Guerra, con la deserción, con el Ejército y sus vínculos con cada uno de sus compañeros.

Cada encuentro fue maravillo, signado por ese carácter ritual que hace del teatro una experiencia sagrada para sus creadores. Como directora fui testigo de la potencia creativa encerrada en la imaginación de cada actor. Pude descubrir cómo, a partir de la propuesta inicial, cada uno de ellos fue ligando los textos que teníamos en común con sus propios hallazgos y cómo el encuentro con textos literarios facilitaba la exploración de ese mundo absurdo de la Guerra y la Deserción.  

Luego de dos meses de trabajo de investigación, me detuve a escribir el texto de la obra, con la guía, amorosa y precisa, de mi maestro Ricardo Monti. Fue una instancia de reencuentro con todo el arsenal de imágenes y anécdotas surgidas del proceso de ensayos, que registraba en papel mi asistente. Selección, articulación, descarte, y escritura de escenas que no habíamos trabajado en improvisaciones.

Y el desafío de, a partir de ese Material, surgido del proceso de investigación, en el que ya están cifrados el Universo y Los Personajes, comenzar a  articular la Construcción dramática, a partir de la identificación de las Fuerzas en Tensión, y los conflictos internos de cada personaje.

Sobre la escritura dramática de Piedras dentro de la Piedra: las fuerzas en tensión en la construcción de la escena y la extraescena.

La Construcción de la Escena: el estado permanente de Guerra.

El conflicto central que estructura el presente escnénico es la tensión entre sobrevivir encubierto bajo tierra y la posibilidad latente y cada vez más cercana de ser descubiertos por el ejército Inglés o el ejército Argentino   y ser fusilados por traición o tomados prisioneros. Los dos bandos ahora son sus enemigos.

La descarnada lucha por la supervivencia desata pequeños conflictos al interior de cada escena que revelan cómo la condición humana va trastocándose, miserabilizándose, en esa descarnada guerra que es intentar sobrevivir al hambre y al miedo. Allí, es la idea de comunidad la que va desangrándose bajo el reino del sálvese quien pueda.

Y es el absurdo el que reina. Desterrados de la escena bélica, expulsados por las operaciones del Ejército Argentino que los tenía “de acá para allá como bola sin manija”; insisten en seguir en estado de Guerra; pero no saben cómo hacer la guerra y viven inmersos, entonces en una parodia de la guerra..

La construcción de la extraescena: Las tensiones en torno a Lo Maquinal y lo artesanal

En la escritura retorna siempre las preocupaciones esenciales de su autor. Siempre me inquietó la tensión entre Lo Maquinal y lo Humano. Los conflictos que emergen a partir de la subsunción del Hombre a la Máquina. Y la guerra es una máquina de matar.

La construcción de la extraescena – el territorio aludido del campo de batalla y la configuración por alusión del enemigo Inglés – estaba signada por imágenes que reconstruían esa imagen maquinal, inhumana e impersonal de las máquinas de la Guerra.  En la escena, esas imágenes maquinales son tensadas con aquellos pequeños objetos, absurdos por inservibles,  que los personajes construyen para sostener su defensa ante la posibilidad de ser descubiertos. Una ingeniería artesanal, inservible y absurda,  que les permite sostener la creencia de que aún pueden combatir al enemigo. Una resistencia. Un modo de aferrarse a la vida; de no ceder a la muerte que es el destino inevitable, de toda guerra.
 
Contradicción Interna de los personajes. Las tensiones en torno al lenguaje. O  El lenguaje como una trampa tan mortal como la Guerra.


¡Hundimos un barco! Dice Fogwill que dijo su madre un día de abril de 1982  “Hoy mamá hundió un barco”, dice Fogwill que tipió en su máquina de escribir, y que luego vorazmente escribió Los Pichiciegos.

El movimiento fundacional de Pichiciegos es, entonces, el desmontaje de esa estrategia fascista del lenguaje, que nos instala a todos y cada uno de nosotros en un Colectivo de Identificación (La patria) y en una Escena Nacional devenida en Causa; en cuyo nombre los soldados son llamados a consagrar su vida.
Y en ese marco, se juega el Honor, retórica convocante de la Gesta Patriótica de cada Guerra.

En nombre de `Nuestra Patria`, los cuerpos de los conscriptos – nuestra Clase 62 y 63 - con 18 años fueron enviados al campo de batalla, jugados como peones y obreros de una Patria descuajeringa y filicida, engranajes de desecho de la máquinaria de matar que es la Guerra.  Esa es la tensión esencial que habita la contradicción interna de cada uno de los Seis personajes. Aún habiendo desertado, la relación con el honor no los abandona, y cada uno resolverá, en el desenlace de la obra, su propia relación con el Honor.

Allí fueron, a defender una Soberanía apresados en las inexorables de las trampas del lenguaje, que los nombraba como sus futuros héroes, pero en la que fueron de hecho cuerpos de desecho y por lo tanto, curiosamente extranjeros.

La intervención del Registro Historiográfico con las licencias de la Ficción: la incorporación de personajes femeninos y de un Civil en la Guerra de Malvinas.

Pasaron 30 años de la Guerra. Todo ha sido revelado en términos historiográficos y documentales. Ficciones narrativas, teatrales y cinematográficas han abordado, desde infinidad de poéticas y puntos de vista La Guerra de Malvinas. ¿Cómo intervenir ese universo desde la ficción? Me pregunté. Y sobre esa pregunta se articularon nuevas preguntas. ¿Cuál es la relación entre el amor y la guerra? ¿Cómo cifrar en una metáfora dentro del campo de batalla la complicidad civil que condujo al País celebratoriamente a la Guerra?

La Guerra y el amor que pulsa entre Olga y Oscar

Los heridos no se guardan”, axioma Pichiciego. No hay cómo curarlos. Herido es como muerto. Y el muerto contamina y pone en riesgo la vida de los sobrevivientes dentro de la cueva. Olga Ana llega herida al refugio. Y su llegada pone en tensión las reglas de la supervivencia. En la oscuridad de ese mundo subterráneo, en medio de disolución del amor como modo de vínculo esencialmente humano, se produce el encuentro entre Olga y Oscar. Encuentro como promesa posible de la restitución de los lazos de amor después de la Guerra. Amor, luminoso, ingenuo, tonto e infantil, de dos adolescentes perdidos en la oscuridad de la Guerra.
Promesa tensionada en el destino de muerte que prefigura toda guerra. Y resolución incierta.

Marcelino Jesús de los Camiones:  Fascismo, filicidio y el problema de la museificación de la Memoria
El personaje de Marcelino Jesús no es Milicia. Propietario de un frigorífico Familiar, se llevó sus propios camiones transportadores de Ganado para prestarlos para ganar la Guerra. Antes de salir para Malvinas, se aseguró de que sus camiones fueran tomados al Regreso como piezas de Museo como los únicos camiones civiles que participaron de la Guerra. Y en nombre de ello, consagrará su vida.

Tembló Marcelino y también desertó, pero aún insiste en él la tensión, y no declina. Se cifra allí, entonces esa ceguera civil cómplice de la Dictadura. Y grita mi ahogado grito para que nuestra historia no se convierta en pieza de museo que se visita, cosificada, con cada llamado del calendario, sino reflexión permanente sobre de qué está hecho nuestro presente histórico.  Como decía Michel De Certeau: “Tomar la palabra es como Tomar la Bastilla”. Y escribir, y hacer teatro, es el acto inenarrable de tomar la palabra. Ampliar el campo de lo decible. Expandir el campo de lo representable.

Y elegimos, todos los que hacemos Piedras dentro de la Piedra, tomar la palabra, valernos de ella, para no olvidar que nuestro presente está hecho de ausencias y voces ahogadas en el fondo del río, congeladas en el fondo del mar, pero que no podrán silenciarse jamás mientras otras gargantas las hagan renacer, gritar, aullar.


A modo de cierre: la vuelta a Fogwill
Decía Fogwill, en el prólogo a la última edición de Pichiciegos: “No he escrito un libro sobre la guerra, sino sobre mí, y sobre la lengua de uno, que jamás escribirá sobre contra la guerra, contra la lluvia, los sismos y las tormentas, y siempre contra las maneras equivocadas de convivir con nuestro destino”

Junto con los actores, que fueron centrales en el proceso creativo, creemos que hemos parido una obra sobre nosotros mismos, atravesada por nuestra sensibilidad y nuestra necesidad de reflexionar sobre ese pasado que heredamos y que muchas veces no comprendemos del todo. Y también sobre nuestra lengua heredada  que, aunque nunca nos alcance para nombrar nuestra insondable experiencia en el mundo, o la nombre mal, está también a nuestra disposición para expresarnos.  Y como directora y dramaturga de Piedras dentro de la piedra, creo que esta es la inspiración más profunda que nos habilitó Pichiciegos. O la más valiosa. Como también me ha iluminado, en lo más hondo, el modo de pensar el vínculo indisoluble entre el arte y la vida; la vida y la guerra que nos proponía Fogwill.

Nuestros pichis son otros pichis posibles: seis soldaditos perdidos en el fondo de la Tierra, que vinieron de Cuyo, Corrientes, Chubut, Santiago, Suipacha y Carlos Berg al fin del mundo a defender una Patria descuajeringada y filicida. Cuerpos-objeto de una planificación táctica y estratégica pasada de copas, pertrechados con fusiles sulfatados y miras infrarrojas hechas de papel celofán que se hartaron de andar boyando por la nieve como bola sin manija y se atrincheraron en el mismísimo centro de la Tierra.

Nuestros Pichis son otros pichis posibles. Son 6 personajes, sumergidos entre piedras, arcilla y roca, esperando el fin de la guerra y preguntándose, de la mano de Beckett, si Dios los podrá ver. Si aunque estén tan allí abajo, los podrá ver.

Los 6 esperando y sabiendo que si la guerra no termina pronto cuando llegue la primavera saldrá el sol, el sol derretirá la nieve que rodea la cueva, el escondite se derrumbará, un alud acabará con sus vidas, y entonces, sus cuerpos muertos terminarán convertidos en rocas perdidas y olvidadas en las entrañas de nuestra Tierra. Posibles fósiles de un mundo futuro. Piedras dentro de la piedra.

Haber escrito esta historia, e insistir en hacer teatro es en definitiva para mí una forma de trinchera.

Trinchera, donde te encuentro y te celebro, querido Fogwill.


Mariana Mazover
Marzo 2012

 
 
 
  Información  
 
 
 
TEATRO
La Carpinteria
DIRECCIÓN
Jean Jaures 858
TELEFONOS
4961-5092
WEB
http://www.lacarpinteriateatro.com.ar
 
FUNCIONES
Viernes 23 hs.
LOCALIDADES
Estudiantes y jubilados $30
General $45
 
  Ficha Técnica  
 
 
 

Dramaturgia y dirección: Mariana Mazover
Actúan: Alejandra Carpineti, Mariano Falcón, Laura Lértora, Hernán Lewkowicz , Alejandro Lifschitz y Sebastián Romero
Asistente de dirección y producción Ejecutiva: Natalia Slovediansky
Diseño de escenografía y vestuario: Cecilia Zuvialde
Diseño de Iluminación: Alfonsina Stivelman
Diseño de Maquillaje: Ana Pepe
Diseño gráfico: dalmiro.com
Música Original: Mariano Pirato
Prensa:  Ezequiel Hara Duck

 

Temporada: 16/03/2012 al 30/08/2012
 
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