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I Capuleti e I montecchi – BAL – 2016
Shakespeare no es dueño del mito de los amantes con familias enfrentadas. Buenos Aires Lírica repone en el Teatro Avenida, la historia trágica de Verona con la música de Bellini. Critica de Fernando Johann
 
 
 

18.junio.2016

Sería poco realista y sobre todo demasiado honroso pensar que la historia de los dos amantes, hijos menores de familias enfrentadas es autoría absoluta de William Shakespeare. Así como el dramaturgo inglés toma para componer su historia los relatos medievales que se construyeron alrededor del concepto, también así sucede con el libreto de Felice Romani para I capuleti e I Montecchi, al que Vincenzo Bellini le puso música.
Más que una representación operística de las desventuras de los Romeo y Julieta isabelinos, la historia de esta obra se basa fundamentalmente en los mitos italianos de la joven pareja de Verona y tocan de manera suave el clásico del teatro del siglo XVII, más como coincidencia que otra cosa.
En la Ópera que nos ocupa, Montescos y Capuletos no se encuentran simplemente en lados diferentes de una antigua contienda sino más bien en plena guerra, literal y activa entre dos facciones políticas, los güelfos y los gibelinos. La trama es a la vez más cruda y más compleja ya que la acción comienza a mitad de relato, con Romeo hace tiempo enamorado de Julieta y con un accidente reciente, la muerte del hermano de Julieta a manos del propio Romeo. No hay demasiada referencia a las edades de los tórtolos, pero dado el rol protagónico de los personajes en las artes bélicas poco hace pensar que pudieran ser adolescentes.
Bellini compuso la música de esta obra en sólo un mes, para la temporada de carnaval veneciano de 1830. Esta maratón tuvo el resultado que nos ocupa fundamentalmente debido a que el compositor tomó prestadas algunas (grandes) secciones de otra ópera que no había funcionado del todo bien, Zaira. Una de las cosas más difíciles para el paladar, tanto desde la estética como desde la expresividad artística, es que Romeo es interpretado por una mezzo soprano. Esta faceta de la pieza es algo que llama la atención de todos los partícipes del pacto teatral. El director Claudio Abbado (te extrañamos!) intentó hace décadas reemplazar a la cantante, y darle esa responsabilidad a un tenor, ímpetu que no prosperó con el paso de los años.
La música es indiscutible desde su composición (y en eso, raramente, coincide la gran mayoría de las opiniones calificadas) pero en la propuesta de Buenos Aires Lírica además la interpretación fue la más precisa de las que se escucharon últimamente. El director Jorge Parodi a sacado la exactitud más prolija de la orquesta desde el foso pero eso le ha costado en expresividad y color.
La acción abre con un final de fiesta en la casa de los Capuletos que rápidamente se transforma en un clima de tensión al correrse la voz de que Romeo (Cecilia Pastawski) se acerca a la casa. En ese momento hay espacio para que el coro se pinte de un color musical muy interesante, con detalles de empaste y tempo pero muy agradable al oído.
Pastawski, que ya a esta altura podría considerarse una especialista de los personajes contragénero, no muestra un gesto masculino en su andar, pero tampoco es femenino ni adolescente. De expresión dura (coincidente con lo que le pasa al personaje) tiene un inicio espectacular en el canto, que mantiene luego mientras avanza la historia pero es de destacar especialmente la performance de los primeros minutos. Una fuente de críticas especial fue para la navaja que utiliza Romeo en su defensa, muy comentada en el entreacto por los asistentes.
Todos los cantantes se ven exigidos en esta pieza del Bel Canto italiano y como grupo salen airosos. En sus desempeños individuales sin embargo, hay algunas cosas que vale la pena mencionar en cuanto los diferencia en su relación con la obra. El coro y los protagonistas se muestran en un vestuario que podría asimilarse a una década entre los años sesenta y setentas moviéndose en una escenografía funcional que cumple el rol de varias habitaciones dentro de la casa Capuleto. El agregado de estructuras transparentes es sin lugar a dudas, el rasgo más fuerte del diseño propuesto por Marcelo Perusso.
Santiago Ballerini es Tebaldo, un primo de Julieta o pariente lejano que la pretende e ignora que el corazón de su amada pertenece a su enemigo. La calidad de este tenor no es ninguna sorpresa y ciertamente justifica la campaña reciente de Buenos Aires Lírica de que las grandes figuras están en BAL. La decisión de hacer sentido al texto de la obra vistiéndolo de esgrimista, con su consecuente espada (en la que seguramente no tuvo nada que ver) es algo que da para varias conversaciones tangentes.
En la piel de Capelio, el padre de Giulietta, aparece Walter Schwarz que brindó mucha potencia y carisma durante toda la obra, algo que en los bajos es central para que la música funcione. Lorenzo, el médico familiar es interpretado por Sebastián Angulegui que cumplió con mucha prolijidad en todas sus intervenciones.
El casting y el vestuario de Giulietta fue de los mensajes más violentos de la noche. La efectividad con la que se transmitió la idea de fragilidad, incluyendo un momento memorable con Julieta acorralada en su habitación mientras los hombres se pelean, hace mucho sentido en la dinámica de la obra. Verdaderamente para felicitar. La soprano Rocío Giordano, responsable del único rol femenino en la historia, propone desde la actuación una Julieta moderna, realista, humana. Su aporte musical nos brindó notas brillantes y tenues con holgura, quizás con algo del tono que tenía desde lo visual.
Bellini propone en este I Capuleti e I Montechi sofisticación en la apreciación de su música. Son muchos los pasajes que soportan la etiqueta de “difíciles” y al final de la noche, uno se puede ir conforme de haber presenciado un gran evento de despliegue de habilidad tanto en el foso como en el escenario. Bien por Buenos Aires Lírica al tomar el desafío. Al final los amantes mueren. Eso no cambia.

 

Fernando Johann


"I Capuleti e i Montecchi", de Vincenzo Bellini.
Dirección Musical: Jorge Parodi. Puesta en Escena: Marcelo Perusso. Elenco: Rocío Giordano (Giulietta), Cecilia Pastawski (Romeo), Santiago Ballerini (Tebaldo), Walter Schwarz (Capelio) y Sebastián Angulegui (Lorenzo). Coro de Buenos Aires Lírica, dirigido por Juan Casasbellas. Vestuario: Stella Maris Müller. Iluminación: Rubén Conde. Prensa: Octavia Comunicación

 

 
 
 
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