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Karina Wainschenker - Parir
En este extenso En Primera Persona la directora y dramaturga del espectáculo Parir, desde el fondo de la amigdala, Karina Wainschenker nos habla como nacio esta obra, sosbre sus significados, entre otros interesantes aspectos de la pieza.
 
 
 

I.
Cada nueva función, ejercito volviendo a interpretar la obra que escribí y que llevó un año y medio trabajo llevar a escena. Hoy puedo asegurar que su fuerza radica en su densidad simbólica, en su perturbadora intensidad y en su gran cantidad de agujeros. Me sumerjo en Parir cada domingo y juego a ver qué pasa entre los personajes, los cuales, variantes entre función y función, siempre sorprenden proponiendo algo nuevo. A partir de ahí, disparan mil pensamientos filosóficos -y psicológicos- sobre los vínculos que se dan entre ellos: “si Beatriz es la Política y hoy está un poco pinchada, no va a poder asustar a Eva, la Ciencia...”, “si Tía Ili es la Sabiduría, la Tierra y hoy está enojada con Marina, que es la Sexualidad, entonces...”. Las posibilidades son infinitas. Tengo ya una colección de posibles interpretaciones acerca de quiénes son estas mujeres: cuatro facetas de la [mi] psique femenina, los cuatro elementos, Ciencia-Arte-Política-Religión; algunas de mis preferidas.

II.
Fue en octubre de 2010, hace ya casi dos años, que el hambre de creación me llevó a enviar un mail a todas las actrices que tenía en mi agenda de contactos convocándolas a iniciar un proceso en el cual no teníamos rumbo preciso. Los textos de partida eran cinco relatos de sueños, que hoy parecen muy distantes del resultado final, pero al releerlos me encuentro con que esencialmente son lo mismo y en conjunto no tanto. La idea inicial era hacer un ciclo de monólogos, pero al reunir a las actrices me encapriché con el deseo de vincularlas. Iban a ser cinco, pero la quinta nunca vino a reuniones previas ni a primer ensayo, por lo que el quinto texto se transformó en el espacio-tiempo en que las cuatro aventureras se desenvolvieron. Hace unos meses, hice una suerte de entrevista a las actrices sobre el primer ensayo. Algunas de ellas lo describieron como un campo de concentración, un lugar en el que estaban atrapadas. La presencia de Michael Jackson también se mencionó con risas cómplices. Luego de ese primer encuentro trabajamos con improvisaciones e investigaciones, cuyos temas nacían en los propios ensayos. Los trabajos fueron de lo más diversos, correspondiendo con una hipótesis que vengo desarrollando junto a mi amigo y colega Ramiro Guggiari: lo hemos denominado “Modelo Polipoético para el Trabajo Actoral” e incluye ejercicios y procedimientos de distintas tradiciones clasificadas según tres tipos analíticos (trabajo vivencial, trabajo analítico y trabajo escenocompositivo) y con un cuarto momento final de organización y sincronía de los tres tipos mencionados. Mientras afilábamos el trabajo actoral, llegó el momento del ensamblaje. La difícil incorporación de los distintos lenguajes y de los distintos intérpretes en escena. La inclusión de los músicos y visualista, vestuario y caracterización; todos en la búsqueda de una armonía escénica y dando lugar a una multiplicidad de inquietudes. ¿Cómo se comunican músicos y actrices? ¿Cómo se incorporan las visuales a la escena? ¿Cómo afecta el trabajo de uno sobre el otro? ¿Cómo hacer convivir lo diverso?

III.
Ya leyendo las características y los nombres de los personajes es detectable la particularidad de la propuesta. Al ser todos ellos femeninos, inmediatamente nos preguntamos acerca de la mujer, de las mujeres. Aparece el carácter misterioso, enigmático, inaprensible y hasta oscuro de la naturaleza de las féminas. Y las distintas identidades que adquiere. Tía Ili, juego de palabras con Ilitía, diosa y genia de la mitología griega que asistía los partos. Sabia, a un paso del Olimpo. Conectada con la tierra, con las manos llenas de sangre, en la tragedia de ser una partera nulípara, siempre Tía, nunca madre, y no por voluntad propia. Luego, Eva, la bíblica, en nuestro país, la Duarte, y en el mundo, infinitas; pero siempre aquella a la que se la ha penalizado por su sensualidad y sexualidad. Aquí, Eva debe atravesar ese tabú para subirse a la tarima y encarnar a una diva de Hollywood de los 40 sin censuras. Marina, la del mar, siempre en la proa, o en la popa, nunca supo cuál es cual. Bella y detenida, siendo admirada por un séquito de marineros que la idolatraba hasta que el barco hasta el momento del naufragio. Allí quedó sola, y su deseo pulsional de bailar se incrementó con el tiempo. Tuvo que venir Beatriz para sacarla de su inmovilidad, que atraviese el estadio del espejo para asumir su cuerpo y atreverse a bailar desnuda y libre. Y Beatriz, Sarlo y la de Alighieri. Esa mujer capaz de pararse en los lugares siempre reservados a los hombres, pero también esa mujer que aún sufre el abuso, cuya extrema racionalidad la ha hecho perder la conexión con su cuerpo; pero no ha perdido su deseo de vida, su obsesiva y altruista búsqueda de un mundo mejor; Beatriz, aquella que personifica la fe, que conoce al poeta y nos guía en el difìcil camino que nos lleva al Paraíso. Así, nos encontramos con que una mujer puede ser una dulce niña que juega con mapas y a la vez tener fantasías lascivas con un minotauro; puede ser torpe e inteligente; puede ser poesía y que no la comprendan; puede sentir un deseo visceral de bailar desnuda en medio de la nada pero quedarse en su lugar por miedos irracionales; puede tener un orgasmo siendo penetrada o trayendo algo al mundo; puede estar embarazada y alienada con su trabajo; haber sido abusada y seguir adelante por convicciones altruistas; puede querer morir por un amor que la ha abandonado, olvidando que es tierra fértil que da vida. Todas ellas son una sola. La pluralidad de identidades no sólo es consecuencia de los distintos roles que se le han asignado a la mujer en la búsqueda de su dominación -curiosamente análoga a la búsqueda de dominación de la naturaleza- sino también condición sine qua non del ser mujer. Y al hablar de la mujer o de lo femenino, insisto, me refiero expresamente a ello más en una dimensión simbólica, filosófica y cultural que en una condición biológica.

IV.
Para la mayor parte del equipo, esta obra fue un salir al mundo. Un renacer. Una experiencia más en la que nos encontramos, algunos no por primera vez, con el quehacer artístico en nada más y nada menos que la Ciudad de Buenos Aires. Una ciudad, de población cosmopolita, de diversidades culturales, con más oferta teatral en cartel que público dispuesto a salir de la comodidad del hogar para verlo, de largas distancias y taxis en constante aumento, de eternos y kafkianos trámites, de políticas culturales más publicitarias y propagandísticas que factibles de implementación o alcance. En este contexto, salir al mundo. Animarse a hacer en una ciudad en que la abundancia de oferta cultural hace dudosa enseguida cualquier propuesta. Ser nada más y nada menos que una obra más en cartel. Y aquí se encuentran la actriz neuquina que se vino a estudiar al IUNA con el compositor homosexual y de conservatorio venido del conurbano; el visualista jovencito ignorante de su talento y recién llegado del MoMA en Nueva York, con la percusionista hippie y mística de Boedo; la amorosa y topísima maestra jardinera de Barrio Norte con la veinteañera estudiante de comedia musical; la atrevida bailarina de pop y street jazz con el nihilista que toca el piano desde niño y hoy compone música electrónica; la escenógrafa que se va a vivir a Colombia al día siguiente del estreno con el talentoso caracterizador que viene todas las semanas aunque entre a trabajar en una oficina a las 4am. Todos ellos - y sus deseos, voluntades, dificultades, frustraciones-, en un mismo lugar de expresión.

V.
La pluralidad de identidades es también pluralidad de sentidos, la posibilidad de contar con más de un discurso válido. Todo esto directamente se liga a lo que muchos autores han llamado la posmodernidad y, en la disciplina específicamente, teatro posdramático. Sin embargo, debo confesar que el término posmodernidad me ha dejado siempre insatisfecha. Sin ofender ni desmerecer a quienes lo acuñaron, me resulta sumamente cobarde y falto de identidad propia. Definirse como lo que viene “después de” es similar a definirse como “hijo de” y no asumir una identidad propia. Ahora bien, comprendemos que estamos en medio de una etapa de transición y aún el puerto de llegada se vislumbra borroso en el horizonte. Aquí me arriesgo a esbozar una hipótesis sobre dicho puerto. Si la modernidad fue ese tiempo en que regía el carácter racional, el tiempo lineal, el discurso único; y si la posmodernidad es la puesta en crisis de ellos, la aparición de disciplinas como la hermenéutica, y la posibilidad de pluralidad de sentidos; nos dirigimos hacia una nueva era en la que, una vez asumidas, debemos aprender a convivir y hacer convivir estas pluralidades. Estamos bien encaminados y las herramientas tecnológicas y digitales colaboran en el abordaje de este desafío de la búsqueda de armonía, de inclusión e integración -por lo que es necesario estar atentos a su noble uso-. Todas estas reflexiones, que a veces me resultan a mí misma tan ingenuas como atrevidas, surgieron durante el proceso creativo de la obra. Sobre todo al conocer las particularidades de los distintos miembros del equipo, sus capacidades expresivas, sus distintos lenguajes, sus dificultades para aceptar al otro, sus frustraciones y sus deseos de ser aceptados y valorados ellos mismos en su subjetividad. Quieren convivir distintas personas en un grupo humano dentro de un proyecto común, como quieren convivir lenguajes de distintas características discursivas en escena, como quieren convivir distintas tradiciones escénicas en la cartelera teatral porteña, como quieren convivir distintas expresiones culturales en el mundo. Hacer convivir lo diverso pasó de ser una hipótesis escénica a ser una hipótesis filosófica de lo que me gusta llamar la Era Digital, esa que debemos traer al mundo, esa que debemos saber Parir.

 

Karina Wainschenker
Septiembre de 2012

 
 
 
  Información  
 
 
 
TEATRO
El Piccolino
DIRECCIÓN
Fitz Roy 2056
TELEFONOS
4779-0353
WEB
http://www.elpiccolino.com.ar
 
FUNCIONES
Domingo 20 hs.
LOCALIDADES
General $60
 
  Ficha Técnica  
 
 
 

Elenco: Martina Durañona es politóloga y esta embarazada - Ain Molina es una comadrona - Julia Perelrozen es Girl Scout - Magali Soto es  un mascarón de proa
Dramaturgia y Dirección: Karina Wainschenker

Asistente de Dirección: Martina Durañona

Dirección de Arte y Diseño Multimedia: Juan Herbojo

Realización Escénica y Asistente de Arte: Florencia Schejtman

Diseño de Vestuario: Javier Toconás

Caracterización: Germán Sánchez

Músicos: Agustina Cavia - Nicolás Rossi - Ricardo Javier Toconás

Prensa: Naty Zonis

Diseño Gráfico: Agustín Ceretti

Temporada: 16/06/2012 al 29/09/2012
 
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