Escrita por Arthur Miller - uno de los más destacados dramaturgos del teatro universal - en el año 1952, esta pieza nace por la necesidad del autor de hablar de la realidad norteamericana, como alegoría utilizó la caza de brujas que sucedió en 1692, para referirse a la ¨cacería¨ que llevaba en ese momento el senador McCarthy, quien creó una lista negra en la cual se incluyo a una centena de ciudadanos estadounidenses acusados de ser Comunistas (en la cual Miller fue incluido), librándose en ese país una verdadera ola de miedo, donde, con tal de salvarse de una condena, las sospechas y las falsas acusaciones, se volvieron monedas corrientes. Como se señalo anteriormente, la obra está basada en la caza de brujas ocurrida en 1962 en el pueblo de Salem, Masachusetts, cuando un tribunal condenó a la horca a cerca de treinta personas y a más de un centenar a prisión, siendo la única ¨prueba¨ los testimonios de un grupo de jovencitas, liderado por Abigail Williams, la cual para estar con el granjero John Proctor, acusa a su mujer de haber hecho un pacto con el diablo, y gracias a la ayuda de una de sus amigas, deja una prueba, la cual se volverá fundamental en el juicio que deba llevar adelante. Al separar a Proctor de su mujer, la joven Abigail creía que tendría el camino libre para que éste se entregase, pero lejos de lo que imaginaba, encontrará en él a su más ferviente contrincante, quien intentará demostrar a la corte, que las acusaciones de las jóvenes, son todas mentiras, librándose a partir de ese momento, una batalla entre la verdad y la mentira, entre la bondad y la maldad.
Teniendo esa historia, y habiendo sido escrita bajo unas circunstancias especificas, queda claro que para realizar un nuevo montaje de esta obra, la misma requiere de un gran trabajo en la dirección para buscar nuevos significados y lograr resignificar, y darle un nuevo valor, a aquello que en la misma se sucede. Si bien es posible encontrar en la obra cierta relación con lo que pasa actualmente en el país, en donde se vive un momento de gran ¨crispación¨ social, con políticos que constantemente se reparten acusaciones, y donde parece no haber matices, sino todo es o blanco o negro, a pesar de ésto, Marcelo Cosentino presenta una puesta demasiado tamizada, la cual respeta en exceso a la pieza, sin permitirse ninguna libertad, y ofreciendo así una dirección que no toma riesgos y se mantiene, únicamente, en el plano de lo ¨correcto¨
La obra cuenta con un numeroso elenco, de heterogéneo nivel, y fuertes diferencias en los estilos de actuación, lo cual es un error garrafal en la dirección actoral, que parece haberse ¨relajado¨ en la experiencia de sus intérpretes.
Se destaca la tarea de sus protagonistas: Juan Gil Navarro y Lali Esposito, el primero como John Proctor, en una composición convincente, con peso escénico y rica en matices, y la segunda, como Abigail Williams, logrando un promisorio debut teatral en un difícil papel pero que la actriz lo lleva adelante de buena manera, apoyándose en una rica coloratura interpretativa y una gran intensidad. Carlos Belloso, Roberto Carnaghi, Rita Cortese y Julia Calvo, gracias a su oficio, logran también destacarse.
Las brujas de Salem es una pieza de teatro clásica, pero que en la presente versión, se vuelve una obra menor, y sin vida. Una pieza que habla sobre la religión, el poder, las creencias y la construcción de las mentiras, el miedo, eel amor y de la fuerza de las convicciones.