La línea argumental se puede resumir sencillamente: El padre del interior visita al hijo que se mudó a la ciudad. En ausencia de la madre, el padre tiene que apañárselas para dialogar con su hijo sin saber realmente de qué hablar o cómo hacerlo. Los dos están incómodos. Acuden a recuerdos infantiles para no estar en silencio, el padre a través de ellos, trae a colación una época donde la relación padre-hijo no era tan lejana. Y el hijo sufre. Su homosexualidad no asumida (o asumida y escondida, no se sabe) podría ser la causa, pero no queda demasiado claro. Existe también una figura extraña a la historia: una mujer que vive adentro de la heladera, aparece y desaparece sin aparente razón y su aporte a la narración es tan borroso como la razón de ser de su personaje.
La historia podría entenderse, si se hace el esfuerzo de darle un sentido dramático a lo aparentemente banal, como las divagaciones insomnes del hijo que padece este trantorno del sueño. De esta forma, se explicaría la presencia enigmática de la mujer de la heladera y el hecho de que sufre terriblemente por algo que no está demasiado definido.
El código interpretativo sigue la línea del realismo, aunque de a momentos introduzca elementos surrealistas. La supresión de gestualidad y de matices actitudinales en aras de crear personajes menos teatrales y más cotidianos se lleva a un extremo polémico. La des-teatralización de los comportamientos y el desuso por completo de la gestualidad como medio expresivo dificulta la transmisión de sentido, el universo al que se alude es meramente enunciativo y no vivido.
La dirección, por supuesto, sigue la impronta realista antes mencionada. Toma la presencia de la mujer que vive en la heladera como un hecho posible dentro de la realidad de la obra y le saca el componente fantástico que le aporta a la narración. La relación entre el padre y el hijo es ciertamente difícil. Y esta dificultad basal se ve acentuada por las marcaciones de dirección, a veces evidentes, que redundan en la incomodidad de los actores (¿o de los personajes?) para llevarlas a cabo.
La música y la escenografía son grandes aportes a la historia. El pequeño departamento recreado por Mariana Tirante le da, literalmente, un marco real a este encuentro entre padre e hijo.
Pudor en Animales de Invierno es una obra peculiar y personal que requiere de un trabajo reflexivo importante.